RECORRIDO ENTRE PINTURAS

Otra vez... mi rostro adormitado atrás de ella. Y así asimilo un algo... mencionando, que en verdad a veces se acerca más el sueño a la poesía de tu cuerpo, a ese azul que ocurre mientras se encuentran los ojos cerrados y tu ángel guardián se pasea alrededor. Luego te vuelvo a ver, antes de enfrentarme brusco con lo diurno y te percibo llena de luz, como si la calidez del alba fuera emanada por vos. Para cuando mis ojos se adaptan al despertar, te observo en mezcla de tu poético azul y del alba que mostrás. Como meditando pacientemente sobre la naturaleza, en la que descasabas alucinada de algún suspiro. Opté pues, por seguir observando todo lo que así bien te rodeaba. Y de un golpe caí, en grises y espacios en blanco, riendo temeroso de un diablito, de sus tres botones en el pecho y los hilos que lo amarran al suelo. Pronto me topo con singular espejo, dónde lo que se refleja es sólo para los ojos que están enfrente. Todo sucedía al unísono, acompañado del reventar de las olas y un sombrero, que en el mar deambulaba secretamente hacia una noche en busca del centro de su oscuridad, en búsqueda de vuelos sin vértigo, de un espacio abierto, de una despedida traducida para no entenderla por completo en este encierro, aquí donde la mirada la coloco en esa devoradora de paredes y su horizonte exacto. Y allí me veo de nuevo... mi rostro adormitado en tu mano y otros tantos rostros disimulados en un silencio de blanco y negro. Cierro los ojos, rápido es un parpadeo de centurias. Respiro lento hasta que vuelva a abrirlos. Cuando los vuelvo a abrir percibo los colores y su suavidad. Acunado desde el cielo veo a delicada guía con manto de luz de ceniza y los vuelos de un perro recuperado de sus ladridos. La luna está saliendo. De nuevo la vieja búsqueda se adorna de alas, de fuegos. El nocturno de nuevo a gobernar disimulado con rostro sin boca... es demasiado confuso el camino que ahora recorro, un camino donde una vitrina me da imágenes de movimientos meditados. En estos laberintos me complico, en las calles de Guatemala me complico. Deambulo y mi silueta forma triste rostro... doblando la esquina me regreso a ningún lugar exacto y me acompaño de una hermosa mujer sin rostro. Pasos sin huellas es lo que hacemos mientras avanzamos. De un momento a otro estuve solo, y vi a alguien naciendo del vientre de la luna y el contorno se volvió de colores... mas quien iba naciendo se esfumo. No necesita salir a este lugar grita alguien desde el suelo. Entonces me recuerdo, y vuelvo a verme, sólo mi rostro adormitado y ella como danzando en el viento. Como si muriera en su orgasmo, con rostro de complaciente coma. La vi sobre todo con aire de infantil serenidad, flotando, flotando. Ya no pude sostener la mirada en lo alto. A seguir caminando... veo a alguien más, de pronto se sentó y sólo su sombra existía, y se volvió a sentar y sólo su sombra ya no existía... ya no tuvo título esa presencia y se volvió a repetir con una lágrima en el rostro... y su cara se refleja en ella, en la lágrima que caía lento. Ya no sé en dónde camino. Todo se transforma y se detiene aleatoriamente... una ola me embiste, me eleva y las lágrimas caen blancas a mezclarse con el azul de un nuevo intento de un rezo para la luna y por qué no, con alas de juguete subir a donde mi rostro se encuentra adormitado mientras ella se dice: Yo hija... dueña de todo pecado, y se ciega con antifaz lleno de sangre y llantos.


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Basado en pinturas de Laura Penados

1 comentario:

Mercedes dijo...

saludos marlon!, dejame decirte que me gustó mucho, es alli donde vemos el poder de la expresión artística, hay tanto que interpretar en lo que una mente ajena engendra y le vas dando matices diferentes a lo que alguién ya plasmó.
un abrazo!