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En mi rostro las ventanas se abrieron a fuerza de agua y sal. Un inmenso grito ocurrió mientras dormía y me hizo reaccionar a la realidad que me volvía recibir. La noche llena de grillos y diminutos silencios atascados de tortura serenamente helada. No se cierran las puertas de la angustia. La madrugada me envuelve.

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