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Me preparo, el cansancio del cuerpo, lo pesado de los parpados. Una cama, tres atrapasueños, dos soles (que bellos sus ojos), un nocturno, miles de vías... me recuesto.
Duermo.
Surjo, el contorno es mi mente, mi estado de inconciencia. Camino, viajo, admiro otros mundos mientras me lleno de energías para ese laberinto diurno que es la sociedad. Una pantalla roja, una sombra, miles de lágrimas se juntan y veo como un lago se forma por el agua de unos ojos. No recuerdo cuando fue la última vez que lloré.
Dolor.
Mi cuerpo se divide, pareciese que soy célula deseando gobernar todo espacio libre. Varias sombras. Todas y cada una de ellas son copia de mí. Se ven, se examinan, se hablan, se enfrentan, se vuelven a unir. ¡Vuelvo a ser uno! Encuentro camino. La vía láctea es tan sólo un atajo al lugar que ya visité.
Me siento sobe una nube y contemplo lo diminuto del universo ante mi corazón. Las velas ya no alumbran, ya las sombras se unen en una rigiendo el vacío. No observo nada, coloco mis manos en mi pecho. Ensarto mis dedos. Callo un grito. Chorrea mi sangre. Una lámpara de luz azul saco de entre mí. Prosigo en este camino. ¡DIVAGO! Pretendo no saber lo que me ocurre. ¿Existe el tiempo aquí? ¿Y si en verdad no existe aquí? ¿Cómo podré verme sin querer destruir?
La mitad del camino. Hay una puerta. Entro con dudas y con falso valor. Laberinto de espejos, en todos mi rostro cambia, en todo reflejo soy y no soy. Me pierdo en mí. La desesperación ataca y junto con la locura me deterioro. Corro sin rumbo, observo una luz, es mi lámpara azul, y me tiro sobre ella. Choco en el suelo, siento la rugosidad del frío percatándome de cartas tiradas a mí alrededor. Miro el laberinto donde me perdí y me parece tan absurdos haberme perdido en ese corredor de espejos. Únicamente sonrío sarcástico adentrándome a un abismo lleno de grises plumas, de sangre ardiente y oscura. Prosigo a tientas y me siento como perro agonizante caminando en sendero de incertidumbre y sollozos, singularmente el miedo ya no se concibe en mí.
Doy pasos con lentitud, pero en uno de mis pasos caigo a un pozo. Quedo adolorido y vuelvo a sonreír, acaso el dolor me da risa, acaso me agrada reír con dolor. Trato de salir del lugar donde caí y cuando lo logro encuentro contorno distinto. Lo que veo es un desierto de arena blanca y con un cielo plateado. No puedo hacer otra cosa que caminar, caminar, caminar y caminar. Apenas doy algunos pasos y en mi piel rostros intentan escapar de la misma. Son tres, uno está con dientes inmensos y en él hay una expresión de enojo, de furia; otro rostro muestras tristeza, como si no pudiera ser lo que quiere ser ¿Pero qué quiere ser?; y el último es un perro, que su hocico duele pues muerde la piel por donde desea escapar.
Quedo tirado entre la arena gritando descontroladamente. Realizo alaridos y entre estos logro escuchar un rugido, a la brevedad una ola de dudas me enviste, al golpearme mi cuerpo se llena de llamas… ¡DE LLAMAS MALDITAMENTE NEGRAS! El dolor es desquiciante. Seres que escribí quieren hacerme explotar para así ellos surgir, y el agua y el fuego me despellejan para luego colocar mi asqueroso cuerpo en sal. Que hermosa tortura
Los parpados de golpe se abren. Una bocanada de aire, el pecho agitado, todo el cuerpo bañado en sudor helado, los ojos los siento con un intento de lágrimas, pero en eso se queda, ¡En un puto intento de lágrimas!
Enciendo la lámpara que hay sobre mi cabeza, me siento en la orilla de la cama y observo mis manos, noto pues en mi mano derecha alguna quemadura, en mi mano izquierda algunos granos de sal, también observo que mis brazos están plagados de mordidas y las marcas parecen de dientes humanos y de colmillos que acaso sospecho de perro. Me desconcierto y me paro, veo mi cama y esta está repleta de plumas grises…
Entonces pienso que la locura me está ganando en este cuento llamado “vida”.
Me calmo, suspiro y realizo una mueca de dolor y risa, tomo un cigarro, lo enciendo, en el humo un rostro me observa y me habla diciendo que aún no despierto, no le tomo importancia… abro el balcón. Contemplo la oscuridad que anuncia un amanecer inciertamente siniestro y me agrada el frío que ronda, y me agrada ver como el humo forma siluetas de deseo en el ambiente. Dirijo de nuevo mi vista a mis manos y brazos, aún están con quemaduras y mordidas y sal… volteo buscando mi cama las plumas grises siguen allí pero lentamente comienzan a arder con fuego oscuro. Otro cigarro, más humo.
Poco a poco una idea se va gestando entre el caos que hay en mi cabeza. Ya estoy desesperado y quiero ver mi “realidad”. Cierro los ojos y salto desde mi balcón.

8 comentarios:

Goathemala dijo...

Caramba que final tan desesperante. Me gustó. Una persona alienada sin ganas ya de caminar en esta vida y con conciencia de su demencia.


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Saludos.

Si ves que tardo en aparecer no te preocupes que es que estoy desbordado de trabajo.

zapa celeste dijo...

Slatas del balcón en un final de tristeza, dolor, sal y siluetas de humo Un locura que atrapa que te busca, que la buscas.
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Slds

metafora zero dijo...

Que buen viaje de lobos esteparios donde todos los agujeros de gusanos de un cadaver exquisito no son salidadas o entradas a ningún lado y a todos lados ¡¡

Un cigarrillo con la sonrisa más amplia ¡¡

Cheers ¡¡

Almacaraluna dijo...

Saltas de tu balcòn, dejando las ganas de sangre, dejando los colmillos y dejando las alas de nostalgìa.

Es bueno saber eso, estoy muy feliz por vos.

Saludos con destellos de luna.

Ramona Torres dijo...

Bajo el olvido de la noche muda
se desploma en mis sueños la inquietud.

La nostalgia de los astros.
La amarga inmensidad.
El insomnio entre la niebla.
El sollozo del olvido al atardecer.

La angustia desordena mis caminos, abriendo de par en par la puerta a mi soledad.




P.

Mercedes dijo...

saltas del balcon solo para no extender la agonía, más que respuestas hay en la oscuridad cuando solo estas sólo.. o talvez con las múltiples manifestaciones corroídas de tanto sufrir.. mejor nadar en tu propio mar puede que allí encontres la calma...

un abrazo enorme mar!

Valiente Fragancia dijo...

Pretendo no saber lo que me ocurre. ¿Existe el tiempo aquí? ¿Y si en verdad no existe aquí?
Quedo adolorido y vuelvo a sonreír
Cierro los ojos y salto desde mi balcón. Sigo dormido...

Marito, tu estilo, impactante, tus ojos solo puedo verlos desde la noche. Gracias por dejarme visitar la arena para visitar tu brisa.

Gabriela Monroy Calva dijo...

Saltas del balcón para que nos cobijes con letras
Un beso
Gab