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Sus pasos llenaban las calles
nacían los laberintos en la mente,
morían delirios dentro de sus ojos.

Una dolencia se leía
en su sombra,
la luna lloraba luz
al ver nostalgia.

Lentamente la noche se diluía
y el amanecer iniciaba
a dar rastros de su arribo.

Sus lágrimas no sucedían
un dolor es latente...
el día se presentó
yendo al sol se supo
magníficamente abrió su pecho
y letras de un nombre cayeron
junto a la melancolía.

Realizo fuego al escribir
incendio mis dedos
quemo palabras
dejo las hojas en cenizas.

Hoy el mundo
lee brasas
y allí
se encuentra
parte de mi fulgor.
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1 comentario:

Alecksya dijo...

Ay esa luna, sus lagrimas inundan muchas veces mis noches y se extienden por el dia, bella frase.